Los servicios financieros, como el ahorro, el
crédito y los seguros, brindan oportunidades de mejorar la producción agrícola,
la seguridad alimentaria y la vitalidad económica de los hogares, las
comunidades y los países. Muchos estudios han demostrado que cuando mejora el
acceso directo de las mujeres a los recursos financieros, aumentan las
inversiones en capital humano, en forma de salud, educación y nutrición de los hijos.
Los productores que no pueden cubrir sus gastos
a corto plazo o que desean adquirir tecnologías más productivas, pero más
caras, deben recurrir a los mercados crediticios u otras fuentes de crédito.
Sin este, es posible que los productores no sean capaces de hacer frente a los
riesgos y costos iniciales asociados a cualquier forma de innovación y a la
inversión necesaria para mejorar su productividad, sus ingresos y su bienestar.
Los datos disponibles muestran que los mercados
de crédito no son neutrales desde el punto de vista del género. Los obstáculos legales
y las normas culturales a veces impiden a la mujer ser titulares de una cuenta bancaria
o subscribir contratos financieros por derecho propio. En general, las mujeres tienen
menos control sobre los tipos de activos fijos que suelen ser necesarios como garantía
para los préstamos. Debido a la discriminación institucional ejercida por las entidades
de crédito públicas y privadas, a menudo las mujeres ven restringido su acceso al
mercado u obtienen préstamos de menor cuantía que los concedidos a los hombres para
actividades similares (Fletschner, 2009;
Banco Mundial, FAO y FIDA, 2009).
En siete de nueve países de la base de datos
RIGA, los hogares rurales encabezados por mujeres suelen utilizar menos el crédito
que los encabezados por hombres. En Madagascar, por ejemplo, la proporción de
hogares encabezados por mujeres que utilizan el crédito es nueve puntos
porcentuales inferior a la de los hogares encabezados por hombres. Los casos de
Ghana y Panamá son llamativos, en el sentido de que no existe brecha de género en
la utilización del crédito.
FIGURA 13

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